EL GIGANTE QUE SE RÍE DEL FISCO

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EL GIGANTE QUE SE RÍE DEL FISCO

Google España controla un mercado de 900 millones de euros, pero paga los impuestos de un pequeño comercio: 33.000 euros. Ni Hacienda ni Bruselas consiguen frenar sus trucos fiscales ni sus prácticas anticompetitivas
 
 
LA COMPAÑÍA 
 
Larry Page y Sergey Brin fundaron Google a finales de 1998. Tras una IPO de casi 20 millones de acciones (a 85 dólares cada una) en 2004, la empresa cotiza hoy en el Nasdaq. 50.000 millones de dólares son los que ingresó Google en el año fiscal 2012. Sus beneficios ascendieron a algo más de 10.000. 94.000 millones de dólares son los que tiene la firma en activos. En la actualidad, da trabajo a más de 50.000 personas.
 
 
EL PRESIDENTE 
 
Eric Schmidt, CEO de Google, asegura estar «perplejo» por el debate sobre el pago de impuestos. «Si hay alguna reforma, cumpliremos con ella»
 
 
¿LA MEJOR EMPRESA?
 
2013. Este año, y por cuarta vez, la revista ‘Fortune’ escogió a Google como la mejor empresa para trabajar en Estados Unidos. Extras. La publicación valora los extras de los empleados: masajes, comida y formación gratis y flexibilidad.
 
 
EL ‘DICTADOR’ DE LA RED TOREA A HACIENDA
 
Google España domina un negocio de 900 millones, pero dice ingresar sólo 38 y paga 33.000 euros al fisco. Se lucra gratis con lo que generan otras tecnológicas o la prensa sin que Bruselas le frene. 
 
Cuando un anunciante cree que está pagando una publicidad a Google España tan sólo sufre una ilusión, un espejismo tributario. En realidad está pagando a Google Ireland, que a su vez enviará su dinero a un paraíso fiscal, previo paso por Holanda. Google España existe, es una sociedad limitada con un capital suscrito de 3.006 euros, factura 38 millones de euros, pero paga sólo 33.000 euros de impuestos. Fiscalmente, se asemeja a un comercio de barrio, pero con una descomunal capacidad para dominar el mercado, guiar al usuario hacia sus contenidos y, a su vez, beneficiarse de la producción intelectual de otros.
 
La venta de un intangible como es la publicidad y su agresivo esquema tributario le permiten pasar por encima de competidores, reguladores y autoridades que tratan de rivalizar o cercar su actividad para fiscalizarla. En España, Google paga un 1% de los ingresos que declara que, a su vez, son muy inferiores a los que obtiene.
 
La realidad es evidente. Con un 97% de cuota de mercado como agregador de contenidos y un dominio aplastante como vendedor de publicidad online, Google es omnipresente en los ordenadores conectados a los 11,5 millones de líneas de banda ancha fija y a los 25 millones de suscripciones a banda ancha móvil que hay en España. Se trata de un negocio de 880 millones de euros en el país. Pero Google, su indiscutible dominador, dio el año pasado 74.683 euros en pérdidas. Su factura con Hacienda ascendió a 33.304,02 euros.
 
¿Cómo es posible que la empresa que se come la mayor parte de una tarta de cerca de mil millones de euros declare una facturación de menos de 40 millones y no pague ni 35.000 euros en impuestos? «Internet no solo ha cambiado el orden económico en los negocios, lo ha hecho tambien en el pago de impuestos a los estados. Cualquier multinacional reduce al máximo su tributación en cualquier país pero con marcas globales que se basan en el comercio electrónico de bienes intangibles donde no existe la entrega física como la publicidad, esa práctica supera los medios de cualquier administración», explica el socio de una consultora que ha analizado el negocio del buscador. «Es un problema que crece a medida que se desarrolla el mundo digital», concluye. 
 
Con sede fiscal en Bermudas, la compañía emplea a 117 trabajadores en España y acumuló pérdidas de 714.182 euros entre 2010 y 2011. Toda la alta dirección está contratada fuera del país, adonde se dirige el negocio obtenido a través de las oficinas localizadas en la torre Picasso en Madrid.
 
Según los últimos datos depositados por la empresa en el registro mercantil y correspondientes a 2011, este negocio ascendió a 38 millones de euros. Sobre esta cifra, la publicidad facturada ascendió a 36,15 millones de euros, que Google España abonó después por el mismo importe a Google Ireland. De esta manera neutralizó el beneficio y la empresa incurrió en pérdidas.
 
El esquema para reducir la base imponible sobre la que tributar es similar en toda Europa y se denomina precios de transferencia. Aunque desde 2011 es un objetivo marcado por Hacienda a equipos de inspectores que sí han multado a otras grandes empresas, Google no está, por ahora, en la lista. Sí tiene abierta una investigación por las liquidaciones de 2009, pero aún no hay resultados. Nadie sabe cuánto es lo que que sortea a Hacienda, pero algunos analistas lo sitúan entre 500 y 600 millones.
 
Los ingresos obtenidos en España se transfieren prácticamente íntegros a Irlanda. La sede de Dublín es la que cobra, ya que es la que figura como prestadora del servicio en el esquema del gigante tecnológico para toda Europa. Así, Google Ireland facturó 12.457 millones de euros, por los que tributó el 0,17%, es decir, 22,2 millones de euros, según las cuentas anuales depositadas en el registro mercantil de Dublín. 
 
Posteriormente, Google Ireland paga a la filial holandesa del grupo propietaria de las licencias de software que utiliza. Al contar con un acuerdo bilateral que exime de impuestos los beneficios transferidos a Bermudas, el dinero del anunciante finaliza su viaje junto al de millones de clientes de todo el mundo en una cuenta bancaria del paraíso fiscal, que acabó acumulando beneficios de 7.520 millones de euros en 2011.
 
Las ventajas más que patentes de este esquema fiscal contrastan con las de competidores sujetos a la tributación de sus estados. En el caso de los operadores de telecomunicaciones, por poner el ejemplo de un sector que ha planteado repetidas quejas contra la discriminación que sufre frente a Google, el tipo efectivo medio de su impuesto de sociedades ronda el 28% de su base imponible, según su patronal, Redtel.
 
En el de los editores de prensa españoles, aspirantes a competir en la oferta de contenidos con su difícil transición al mundo digital, una quinta parte de sus beneficios se destina a Hacienda. 
 
Pero siendo una desventaja radical a la hora de competir, no es esta diferencia abismal en la carga tributaria la que más preocupa tanto a los principales grupos de ambos sectores como a los de otros vinculados a todo tipo de negocios o incluso a los consumidores. La mayor preocupación radica ahora en qué hará la Comisión Europea para frenar y corregir los abusos de posición dominante que comete Google al combinar su actividad como buscador con la de soporte publicitario.
 
 
’SANDWICH HOLANDÉS’ 
 
Para tributar lo menos posible, Google y otras grandes empresas utilizan figuras conocidas como el sandwich holandés o el doble irlandés. La legislación irlandesa permite que el pago de royalties no tribute en el impuesto de sociedades si son a otra firma de la UE. Google tiene una en Holanda, sin trabajadores, y envía los ingresos a Bermudas, donde paga poco. El doble irlandés consiste en crear dos empresas irlandesas, pero una de ellas con sede en Bermudas.
 
 
EL MINISTRO 
 
Cristóbal Montoro creó el año pasado una Oficina de Fiscalidad Internacional para vigilar el fraude, con el ojo en las grandes tecnológicas 
 
 
DINERO PERDIDO
 
500.000.000 Hacienda tiene abierta una investigación a Google sólo por las liquidaciones de 2009, pero en realidad no se sabe qué cantidad es la que la firma logra ‘sortear’. Algunos analistas estiman la cantidad en por lo menos 500 o 600 millones de euros.
 
 
En la fulgurante evolución que ha tenido la empresa en sus 15 años de historia los cambios más evidentes se han producido desde 2007. El gigante de Internet, que por su cuota de mercado es considerado la puerta a la red, ha incrementado el trato preferente en los resultados de las búsquedas de información a quien paga por un espacio relevante en la pantalla. Al tiempo, ha utilizado esta política para suprimir competidores de todo tipo: desde buscadores alternativos a plataformas de publicidad online o medios de comunicación. La neutralidad ya no es prioritaria en su famoso algorritmo.
 
Desde el pasado 27 de junio, todo el foco de atención se dirige hacia Joaquín Almunia, comisario de Competencia que tiene en el caso abierto en 2012 el más importante de su etapa en Bruselas.
 
Su decisión se basará en los propósitos de enmienda de la propia compañía sobre cuatro violaciones de las reglas del mercado detectadas por la Comisión: dirigir las búsquedas del usuario hacia los propios servicios especializados; utilizar sin permiso contenidos originales de terceros; obligar a los editores a contratar toda la publicidad con Google y restringir a los anunciantes el uso de sus campañas en otras plafaformas competidoras.
 
Para denunciantes y afectados, la sola evidencia de las conductas investigadas por Bruselas deberían llevar a una resolución que obligara a corregir los abusos e impusiera una fuerte multa. Almunia sin embargo, ha optado por la vía conciliadora, permitiendo a Google ofrecer remedios. Entre ellos está el etiquetar como propios los enlaces a sus servicios o abrir una ventana destacada a buscadores rivales.
 
Sólo está dispuesto a hacerlo en sus dominios europeos, nunca en Google.com y sin que implique el pago de indemnizaciones. La respuesta del mercado no ha podido ser más elocuente. Organizaciones europeas y norteamericanas de consumidores han rechazado de plano las propuestas y los editores de todos los países se ha unido en una sola voz en una iniciativa sin precedentes. «Lejos de restaurar la neutralidad solo fortalecerían el dominio de Google en Internet. Si se abre la posibilidad a que cobre por destacar buscadores rivales, rentabilizará su conduta anticompetitiva», explica la responsable legal de la asociación europea de consumidores BEUC, Augusta Maciuleviciute.
 
Se trata de una opinión unánime. En realidad, el tiempo transcurrido desde que se inició el procedimiento en 2010 para dos años después, negociar un acuerdo, es contemplado con extrañeza por quienes se sienten perjudicados. La posibilidad de un alargamiento a través de nuevas recomendaciones se vería como una prueba del poder que Google tiene en las instituciones. 
 
«Lo negocian desde 2012. Salvo que Google ponga sobre la mesa nuevos compromisos que de verdad satisfagan los requisitos mínimos, esperamos que Bruselas emita de inmediato un pliego de cargos por abuso de posición dominante»,  han explicado centenares de editores en una nota conjunta.
 
Se parece a la fórmula de la Coca-Cola, y tal vez es tan efectiva, pero mucho menos secreta. Los ingredientes son tener buen producto y escaso interés por los derechos de propiedad intelectual, usar todo tipo de estratagemas para no pagar impuestos e invadir la privacidad de millones de personas en todo el mundo. Eso sí, todo desde unas coloridas oficinas llenas de futbolines, adornado por la sensación de que todo es –en apariencia– gratis. Oponerse a este lifestyle hoy es ir contra la innovación y la tecnología. El resultado, mezclándolo en las proporciones adecuadas, tiene seis letras: Google.
 
Para construir una empresa muy cool los ingredientes son sencillos. La clave, como no podría ser de otra manera, está en mezclarlos en proporciones correctas. En esto Google raya la excelencia. Un ex agente del Gobierno de Estados Unidos fue quién definió la actividad de la empresa de manera más acertada: «Es la CIA del Siglo XXI». Los hechos le están dando la razón a marchas forzadas. Google es una herramienta al servicio del Gobierno norteamericano, que conquista económica e informativamente el mundo, expoliando mercados y recopilando para sus fines información sobre más de 1.200 millones de personas. 
 
Hemos podido ver manifestaciones en los Starbucks de Londres para que dicha empresa pague impuestos en el país. Algún día intuyo que veremos algo parecido en torno a la empresa del colorido logo a nivel global, y eso hace tan sólo unos años era impensable.
 
Nadie sabe cuánto gana Google en España. Nadie, ni siquiera los técnicos de Hacienda o los empleados de la firma en nuestro país. Empleando técnicas de ingeniería fiscal denominadas doble irlandés y sándwich holandés el dinero, cientos de millones de euros al año, sale casi en su totalidad de nuestras fronteras vía Irlanda hacia el destino final, el paraíso fiscal de las Islas Bermudas.
 
Se estima –y mi opinión personal, es que es una estimación muy a la baja–, que serían cerca de 550 millones de euros los que abandonan de esta forma, y sin tributar, cada año nuestro país. Algo más de 100 millones deberían quedarse en las arcas públicas en concepto de Impuesto de Sociedades.
 
El sector de la publicidad en internet en España está dominado por una única empresa que absorbe más de la mitad de la inversión publicitaria, y se lo expatria sin pasar por caja; campan a sus anchas, declaran pérdidas en nuestro territorio, no cumplen con el fisco y ahora tenemos la certeza de que nos espían. Ah, pero no pasa nada porque nos dan un fantástico buscador y un correo electrónico gratis. Además, ¡ahora van a sacar unas gafas que son la caña! Paradojas del destino, tal vez sirvan para que sigamos aun más cegados.
 
Sé que está muy visto compararles con el Gran Hermano de Orwell. Yo niego la mayor. Orwell nos deleitó con su novela 1984 allá por el año 1949. Si hubieran sido contemporáneos, Gran Hermano no llegaría siquiera a becario de primer año trabajando para nuestros amigos de Mountain View.
 
 
¿ABUSO DE PODER? 
 
A finales de 2010, la Comisión Europea abrió una investigación a Google para determinar denuncias de «abuso de posición dominante». 97% En el seno de la UE, la cuota de mercado de Google supera el 90%, y en algunos, como España, llega hasta el 97%. Art. 9 Almunia decidió iniciar un diálogo (artículo 9 o proceso de compromiso) para que la empresa presentara sus propuestas, pese a que su equipo era partidario de abrir un pliego de cargos (artículo 7).
 
LA COMISARIA 
 
Neelie Kroes: «El mercado único de las comunicaciones de la UE puede suponer un estímulo para la economía de hasta 110.000 millones»
 
EL ‘CASO MICROSOFT’
 
En marzo, la Comisión Europea impuso una multa de 561 millones de euros a Microsoft por no incluir elección de navegador en algunas versiones de Windows 7, lo que en Bruselas se vio como un aviso a Google, que está siendo investigada por posición dominante.
 
 
ALMUNIA NO ES ENEMIGO PARA GOOGLE
 
El comisario de Competencia despierta recelos en Bruselas por la tibieza con la que gestiona las quejas por el abuso de poder de la multinacional y su sintonía con Eric Schmidt.
 
 
«Cada comisario de Competencia ha tenido un gran caso a lo largo de su mandato. El de Joaquín Almunia, sin duda, es el de Google. De cómo lo maneje dependerá la herencia que deje este político en Bruselas». Quien habla así es un ex directivo de la Dirección General de Competencia (DG Comp, en el imposible argot comunitario), un ex funcionario que aún se desenvuelve con soltura en el laberíntico mundo de la burocracia europea y mantiene amigos, y enemigos, en las plantas más altas del edificio Berlaymont, la sede de la Comisión en la capital europea.
 
Junto a él, otra media docena de representantes de la industria tecnológica y de los consumidores comparten el mismo análisis de la labor que está desempeñando Almunia ante el «claro abuso de posición dominante » del gigante tecnológico en el mercado europeo. Los hay prudentes, que simplemente creen que el vicepresidente de la Comisión «tiene mucho más interés en el mercado financiero que en el tecnológico», mientras que otros le acusan directamente de «actuar con un claro trato de favor hacia Google».
 
La Comisión comenzó a investigar al gigante tecnológico en noviembre de 2010 tras recibir quejas de los competidores por prácticas de abuso de posición dominante en la UE, donde su cuota de mercado supera el 90% (97% en España).
 
Las preocupaciones del departamento de Almunia se refieren a cuatro grandes áreas donde Google saca un gran beneficio gracias a su dominio del mercado. En concreto, se trata de la forma preferencial en que presenta sus propios servicios en una búsqueda, aunque éstos sean de menor calidad y menos relevantes que los competidores; el uso sin consentimiento de contenidos ajenos en las búsquedas especializadas; los contratos publicitarios exclusivos a cambio de permitir servicios de búsqueda de Google en páginas web de terceros; y las restricciones técnicas y contractuales que impone a sus clientes para desarrollar sus campañas publicitarias en otros competidores.
 
Ante esta situación, la Comisión Europea optó por la vía menos traumática para Google. Almunia decidió iniciar un diálogo (conocido como el artículo 9 o proceso de compromiso) para que la empresa presentara sus propuestas para corregir estas prácticas abusivas. Según fuentes cercanas al vicepresidente, la mayor parte de su equipo fue partidaria de abrir un pliego de cargos (artículo 7), que implica reconocer que Google ha violado las leyes y otorga a Bruselas la capacidad para imponer los remedios bajo amenaza de una multa del 10% de sus ventas mundiales.
 
«La buena relación de Almunia con el presidente de Google, Eric Schmidt, le llevó a optar por la vía más suave, pese a las recomendaciones de un equipo altamente experimentado », explican fuentes conocedoras de la situación. En Bruselas es vox populi la buena relación que existe entre ambos: en varias ocasiones se les ha visto juntos y el propio Almunia invitó a cenar a Schmidt en pleno proceso de investigación a la compañía. Incluso el comisario ha reconocido que le envía mensajes de texto para informarle del proceso. Otra fuente consultada es más dura y apunta que «la gente de su departamento está harta de Almunia, al que ven con poco carisma».
 
«No creo que fuera un trato de favor, sino que el comisario pecó de ingenuo pensando que una multinacional que gana miles de millones iba a proporcionar voluntariamente una solución que favoreciera a sus competidores y conllevará la caída de sus ingresos», opina en defensa del comisario otra fuente involucrada, quien justifica la estrategia de Almunia por su «gran talante negociador».
 
El proceso se ha demorado más de la cuenta y no fue hasta abril de este año cuando Google presentó sus propuestas para corregir estas prácticas abusivas. Almunia abrió un plazo de test de mercado, que concluyó la semana pasada, para que los competidores opinen sobre las propuestas de la multinacional. La respuesta ha sido unánime: son insuficientes y no solucionan los problemas. 
 
«Creemos que es una trampa porque bendice y consolida un modelo de negocio que sólo beneficia a Google », opina Andrés Font, portavoz de Icomp, una iniciativa que agrupa a una veintena de empresas tecnológicas. También la organización europea de usuarios (BEUC) ha rechazado las medidas propuestas, al igual que las asociaciones de editores de diarios. Por su parte, la compañía se defiende argumentando que mayores restricciones a la actividad que desarrolla actualmente dañarán el proceso de innovación en el sector.
 
Almunia debe decidir ahora si da por buenas las soluciones propuestas, si exige más cambios o si abre un pliego de cargos, ya con amenaza de sanción. «Es el momento de tomar una de las decisiones más importantes en la carrera de Almunia, pero en todo caso llegará tarde», opinan en el mercado. En las últimas semanas el comisario ha endurecido el tono y parece que no se conformará con la propuesta de Google. Si así fuera, varias empresas ya le han advertido de que le demandarán ante el Tribunal de Justicia de la UE. «La industria puede litigar. Le hemos preguntado qué imagen mostrará a los europeos si toda la industria se querella contra él y le ven sentado en el mismo banquillo que los directivos de Google», señalan estas fuentes.
 
Lo más probable es que la Comisión pida más acciones a Google y, si estas no convencen, abra por fin un pliego de cargos. Pero el propio Almunia ha reconocido que eso no será hasta entrado 2014.
 
 
ALEMANIA
BERLÍN NO SE FÍA DEL GIGANTE
 
El Gobierno alemán ha mostrado reiteradamente su desconfianza hacia Google en los últimos años y realizado cambios legales para ponerle coto tanto en el plano económico como de gestión de la información. Esta semana, el ministro del Interior, Hans-Peter Freidrich, consideró que los usuarios de internet preocupados porque su información sea interceptada por EEUU deberían dejar de usar servicios como Google o Facebook.
 
La gran batalla de esta guerra se libró en primavera, cuando el Bundestag aprobó la Ley Google, que establece que buscadores y agregadores deben negociar con los propietarios de los contenidos licencias que les permitan reproducirlos o indexarlos. Según datos de la compañía, Google dirige unos 100.000 usuarios por minuto a páginas de medios de comunicación alemanas y la Federación Alemana de Editores calcula que la publicidad adjuntada al material informativo de las búsquedas de Google News genera al año en Alemania unos 1.200 millones de euros, de los que esperaban obtener una tajada. Otras batallas tienen lugar en el plano judicial. El Tribunal Supremo ha obligado al gigante de internet a eliminar las sugerencias automáticas de búsqueda cuando la persona referida se considere lesionada, obligando a la compañía a atender individualmente las quejas de los potenciales perjudicados.
 
Alemania ha puesto además todas las cortapisas posibles a Street View, buscando aliados en el ámbito empresarial. Los juzgados estudian si Google ha infringido patentes para poner en servicio Google Maps, tras una denuncia conjunta de Microsoft, AOL y Nokia. Pero la gran baza de Google, como multinacional, es que no está sujeta a graves pagos de impuestos en este país, por lo que Merkel ha anunciado que impulsará en el G-20 una reforma para que empresas como esta paguen una «parte justa».
 
 
FRANCIA
PACTO DE MÍNIMOS QUE NO CONVENCE
 
En febrero de 2013 los medios franceses y Google alcanzaron un acuerdo por el que el gigante estadounidense se compromete a crear un fondo de 60 millones de euros para apoyar la reconversión digital en el Hexágono, del cual se beneficiarán no sólo los editores que combinan la faceta impresa y digital, sino los pure players que trabajan exclusivamente en red.
 
Google no va a remunerar directamente a los sitios por sus contenidos indexados –lo cual hubiera creado un precedente– sino que ofrece ayuda técnica, tarifas de publicidad ventajosas... «Para un buscador que tiene 1.500 millones de euros de ingresos publicitarios en Francia, 60 millones no es una carga muy pesada de soportar», apuntaba Le Figaro.
 
En realidad, se trata de una compensación casi simbólica, fruto del pacto suscrito a comienzos del año entre el negociador nombrado por el gobierno de François Hollande, Marc Schwartz, y el presidente de Google Eric Schmidt, que el Elíseo se ha apresurado a vender como «un hecho histórico» y una victoria política, cuando no se han cumplido realmente los deseos de los editores, que aspiraban a obtener un pago por «derechos vecinos», similares a los derechos de autor.
 
De hecho, son muchas las voces de colegas europeos que critican este tipo de pactos. En realidad, vienen a decir, aceptar la oferta de Google como una ayuda a la transición digital es una derrota. A cambio de una factura que está muy lejos del negocio que obtiene, el gigante consigue así que los editores bajen las armas y renuncien a más reclamaciones. No solo eso, el acuerdo supone que acabarán trabajando para apuntalar más el ya de por sí dominio absoluto de Google.
 
Fuente: elmundo.es
Fecha: 07/07/2013